Le das al botón y sale un chiste: de programadores, malos, de animales, de oficina, de colegio o de bar. El remate viene tapado; lo destapas tú o deja que te lo cuenten. Si le das a la voz, el navegador lee el planteamiento, hace la pausa y remata. Elige voz, velocidad y tono, y guarda los que te hagan gracia. No hay servidor: lee tu navegador y lo que guardas se queda en él.
Entra un tester en un bar. Pide una cerveza. Pide cero cervezas. Pide menos una cerveza. Pide un lagarto.
El bar arde. El primer cliente de verdad entra y pregunta dónde está el baño.
Lee el navegador, con las voces que ya tienes instaladas. No se envía nada: ni el chiste, ni la voz, ni lo que guardes.
Accesibilidad
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